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Así como es también un placer para nosotros poder compartir con usted, el mundo del arte; que es uno de los refugios del Alma...


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jueves, 8 de noviembre de 2012

EL GALEÓN DE MANILA

 

                                    

 EL GALEÓN DE ACAPULCO

Desde la costa oriental de Nueva España se realizan las expediciones del Pacífico en un esfuerzo por encontrar el nuevo camino de Asia, compitiendo con los portugueses. Es la segunda parte del viaje, de nuevo el mar.


Encontrar las tierras de la especiería fue el sueño de Colón y el principal motivo de los sucesivos viajes que tuvieron lugar en el siglo XVI por aguas del Pacífico.
Una exploración emblemática fue la de Magallanes, descubridor de las Filipinas, y Elcano, continuador del viaje y primer español en dar la vuelta al mundo. Ellos fueron el arranque de las sucesivas expediciones que tuvieron lugar a lo largo del siglo.

García de Loaísa, en 1525, siguió los pasos de Magallanes por orden del emperador, en su empeño por llegar a las Molucas. Alvaro de Saavedra en 1527 fue con intención de descubrir otras islas y tierras productoras de especias y Villalobos, en 1542, partió del puerto de Navidad, para asegurar el control de aquellas islas del Pacífico que estuviesen bajo jurisdicción española.
Fue Legazpi en 1564 el que salió con la misión de colonizar las Filipinas y encontrar un camino de regreso para comunicar ambos continentes. Muchos quintales métricos de especias cambiarían por completo los modos de funcionamiento de los mercados europeos.

Andrés de Urdaneta descubrió el "tornaviaje" en 1565, una nueva ruta por el Norte que escapaba de los temibles alisios. Este descubrimiento permitió la existencia de una comunicación regular entre Filipinas y Nueva España.
En el virreinato, un largo camino terrestre -"el Camino de los Virreyes"- comunicaba la ciudad atlántica de Veracruz con la capital, y ésta con el puerto de Acapulco, en el Pacífico, a través del llamado "Camino de Asia".

VER+ http://www.armada15001900.net/elcaminodeoriente.htm

miércoles, 7 de noviembre de 2012

AQUELLOS HOMBRES DUROS




No siempre estoy de acuerdo con las decisiones colectivas de la Real Academia Española. Mi agradecimiento por pertenecer a esa institución no incluye la lealtad ciega. Contra ciertos aspectos de la última Ortografía, por ejemplo, milito en abierta disidencia, como Javier Marías. Sin embargo, otras cosas me calientan el orgullo. En lo que va de año llevo dos alegrías. Una, el informe con que Ignacio Bosque demolió algunas disparatadas guías de lenguaje no sexista, poniendo en su sitio a ciertos analfabetos, oportunistas y cantamañanas. La otra alegría es la aparición, en la Biblioteca Clásica de la RAE, que dirige el profesor Rico, de uno de los libros más importantes escritos en lengua española; y quizá, junto a la Crónica de Muntaner -los almogávares en Bizancio- el más apasionante de todos: Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo.

Si les gusta la Historia, si aman los buenos relatos de guerra y aventuras, si quieren asistir a una de las más grandes y terribles hazañas de la Historia, si desean conocer de primera mano el sangriento prodigio que fue la conquista de México por una pequeña tropa de españoles ambiciosos, valientes, crueles y duros como la ingrata tierra que los parió, vayan a una librería y cojan uno de esos volúmenes azules con el emblema de la RAE -éste, el más grueso de todos, cuesta lo que tres entradas de cine-.

Luego ábranlo al azar y lean algo. Con suerte darán en el capítulo 86, donde los conquistadores empiezan a abrirse camino desde Cholula; o en el 129, donde comienza el asedio de Tenochtitlán. O en el capítulo anterior, el 128, donde se cuenta cómo en plena noche, bajo la lluvia, los españoles intentan romper el cerco y escapar de la ciudad, peleando con los valerosos aztecas que les caen encima por millares y arrastran a los prisioneros a los templos para sacrificarlos, y cómo el plan original se va al diablo en el caos del combate -«si había algún concierto, maldito aquel»-; y mientras todos pelean en la estrecha calzada, matando y muriendo, Cortés, que va a caballo con el tesoro y las mujeres, escapa y sigue adelante; pero requerido por sus hombres vuelve atrás a socorrer a los rezagados, y ya sólo encuentra a Alvarado, que corre en la oscuridad seguido por cuatro españoles y ocho fieles tlaxcaltecas empapados de lluvia y de sangre; y viendo que tras ellos no vienen más, que de la retaguardia sólo quedan ésos, «se le saltaron las lágrimas de los ojos».

 Bernal Díaz del Castillo no era un historiador ni un literato. Era un soldado profesional que había leído libros y tenía el talento, el don magnífico, de juntar palabras con una naturalidad, una limpieza y una honradez envidiables. Escribió sus recuerdos de la conquista de México -«lo que yo vi y me hallé en ello peleando»- muchos años después, viejo y cansado, tras ver cómo los advenedizos, funcionarios y parásitos llegados de España se enriquecían en la tierra que él conquistó y en la que quedó mal pagado y casi pobre. Escribió con asombrosa fidelidad y atención al detalle, sin trompetazos ni alardes, con una sencillez pasmosa; humilde siempre, excepto para revindicar el orgullo legítimo de haber estado allí. De sus sufrimientos y peligros.

Harto de versiones de segunda mano y manipulaciones de los hechos que él vivió en carne herida -ciento cuarenta combates durante su larga vida de soldado-, el anciano veterano de Cortés, superviviente de una de las más asombrosas gestas que vieron los siglos, quiso poner las cosas en su sitio. Hacer honor a la memoria de sus compañeros muertos y a la suya propia, porque «soy viejo de más de ochenta y cuatro años y he perdido la vista y el oír, y por mi ventura no tengo otra riqueza que dejar a mis hijos y descendientes, salvo esta mi verdadera y notable relación».

El libro de Bernal Díaz del Castillo es tan fascinante y extraordinario que resulta imprescindible en la memoria y la certeza histórica de cualquier español de honrada casta. Pero no sólo eso. La Historia verdadera cuenta también de modo asombroso el final de un mundo y el terrible crujido que hizo nacer otro nuevo. El retrato minucioso de aquellos hombres increíbles que se abrieron paso por una tierra desconocida y hostil, haciéndola propia a arcabuzazos y cuchilladas, no es sólo una historia española, sino también, y sobre todo, una historia mexicana. Cuando el autor cuenta que tras la toma de Tenochtitlán se hizo el recuento de las mujeres indias que iban con los conquistadores, añade que «algunas de ellas estaban ya preñadas»: para mal y para bien, los primeros nuevos mexicanos estaban a punto de nacer.

Por eso Bernal Díaz del Castillo y sus camaradas son hoy más de allí que de aquí. Por la sangre vertida. Por la sangre mezclada.

http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/688/aquellos-hombres-duros/

martes, 6 de noviembre de 2012

LAS FALSEDADES DE "LA LEYENDA NEGRA"



12 de Octubre 1492. Descubrimiento de América. El mestizaje en el descubrimiento de América. La realidad siempre supera a la ficción y por eso el mestizaje, es una muestra más de la falsedad de las acusaciones realizadas sobre el genocidio cometido en América por parte de los españoles.

El mestizaje ocurrido en Hispanoamérica es inconcebible en otras colonizaciones como la inglesa o francesa pero tampoco se produce en las conquistas realizadas por los indios.


¿Cómo, cuándo y por qué se produce el mestizaje? Todas estas preguntas tienen su respuesta en el vídeo.


Una actitud de menoscabo hacia lo hispánico que sería como ir contra “uno mismo”, sino que nuestra meditación surge como una necesidad de afirmación de la “americanidad en la hispanidad”.

 Ramiro de Maeztu, en Defensa de la Hispanidad.

"La hispanidad no es cuestión de razas pues está compuesta de hombres de raza blanca, negra, india y malaya, y sería un absurdo buscar sus características por los métodos de la etnografía... sino que se apoya en dos pilares: la religión católica y el régimen de la monarquía española”.

domingo, 4 de noviembre de 2012

NO FUERON SOLOS



Clamoroso olvido.

Estructurada en cuatro grandes apartados y una decena de módulos, No fueron solos recorre el proceso de conquista y colonización en toda su magnitud: la intervención crucial de la reina Isabel la Católica para derribar el escepticismo de la Corte al viaje colombino; la difícil travesía a Indias y la colisión de dos mundos; el mestizaje y el papel desempeñado por la mujer en la creación del tejido social y económico del Nuevo Mundo; y el legado que ha llegado hasta nuestros días.

"Superados los 500 años del descubrimiento de América, el relato transmitido de la conquista y colonización ha cometido un clamoroso olvido con la mujer, ausente en los textos académicos y en el imaginario colectivo. Con estos precedentes, la acotación no fueron solos, más que pertinente, es obligada para subrayar una injusticia, un maltrato historiográfico a la figura de la mujer, que no por repetido en muchos ámbitos debe dejar de sorprendernos", asegura el director del Órgano de Historia y Cultura Naval, el contralmirante Gonzalo Rodríguez González-Aller, para el que esta exposición "pretende rescatar la semblanza de una treintena de mujeres capitales en este proceso de consolidación cultural y, más allá de los nombres propios, recuperar la intrahistoria de la colonización, una labor lenta y callada que adquiere un enorme relieve por configurar una nueva sociedad desde la nada".