ART & ANTIQUES DEALERS

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Es para todos, gracias a Dios, una alegría, un orgullo y hasta una obligación (histórica-metafísica) potenciar y protejer Nuestra Cultura.
Así como es también un placer para nosotros poder compartir con usted, el mundo del arte; que es uno de los refugios del Alma...


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martes, 29 de enero de 2013

EL PODER DEL ESPAÑOL

  

El poder de una lengua es el de quienes la hablan.
 
"Dime en qué idioma te expresas y te diré cómo ves el mundo". G. Humboldt
Así los hablantes modelan una lengua y ésta modela la mente proyectando un modelo de pensamiento que adquiere su expresión máxima en las identidades nacionales o regionales.
En el caso del español, éste es expresión de unas veinte identidades nacionales consolidadas.

Pero la lengua no es aquella aprendida, no es la segunda lengua. La lengua como lugar de poder es la asumida existencialmente. Y así podemos comprender como siendo 56 los países francófonos y 22 los hispanoparlantes, tenga el español mayor peso internacional que el francés.

Es que de los 56 países francoparlantes solo tres o cuatro han asumido el francés vitalmente, el resto lo usa por conveniencia. En general, para pedir créditos a la metrópoli.

Con el inglés pasa algo parecido pero en menor medida, porque el peso poblacional de los anglo parlantes es mayor (USA, Inglaterra, Australia, Sudáfrica, Nueva Zelanda), no obstante la mayoría de los países que han declarado el inglés como idioma oficial, 59 en total, utilizan de hecho, infinidad de lenguas locales, que reducen la expresión de lo nacional en inglés. Por ej.: en Nigeria se hablan 521 lenguas. O en la India, ¿en qué expresa la identidad nacional el inglés, declarado idioma oficial? En nada.


Entonces, afirmamos que la lengua es un instrumento de poder cuando es asumida existencialmente, de lo contrario es un simple vehículo de comunicación como lo es el inglés en los aeropuertos.
En este sentido, el español como lengua occidental tiene una ventaja infinita respecto del inglés y del francés. Pues aun cuando supera al inglés, su máximo competidor, en más de cien millones de hablantes, posee la infinita ventaja que es efectivamente, la lengua oficial de veintidós naciones.

Si a ello le sumamos la proximidad lingüística del portugués (Brasil, Portugal, Mozambique, Angola et alii) se constituye una masa crítica de 800 millones de personas que pueden comunicarse entre sí sin mayor esfuerzo y, lo que es más importante, con estructuras mentales similares.


Esto no es un chiste, ni una anécdota, es un dato geopolítico de crucial importancia para comprender el mundo actual en profundidad.
Es incomprensible como de 31 Estados (22 hispano parlantes y 9 luso parlantes) no haya uno, al menos, que tenga una política internacional de defensa de la expresión lingüística luso-española.


Es incomprensible que los teóricos franceses, tan sutiles para otros asuntos, no se hayan apercibido que “la mayor presencia del español como lengua de trabajo internacional, garantiza una mayor presencia del francés, frente al inglés”.

En este campo específico estamos rodeados de un hato de ineptos. Ineptos que como el “rey cazador de elefantes” sostuvo en la última cumbre Iberoamericana de Cádiz que somos cuatrocientos millones los hispanoparlantes o como las autoridades del Instituto Cervantes que sostiene que somos 450 millones de hispano hablantes en el mundo ( cuando hoy sumamos 550 millones) y, para colmo de errores, que es la segunda lengua después del inglés: stultorum infinitus numerus est.


Más allá del rey Borbón y del Instituto Cervantes los usuarios habituales del español se han metido en el corazón del imperio talasocrático y así suman en USA, 45 millones. Este hecho bruto, real e indubitable ha hecho exclamar al estratega Samuel Huntington en El Reto Hispano, uno de sus últimos trabajos:los estadounidenses están aceptando que se convertirán en dos pueblos, con dos culturas (anglo e hispana) y dos lenguas (inglés y español)…. Por primera vez en la historia de Estados Unidos, cada vez hay más ciudadanos (sobre todo negros) que no pueden conseguir el trabajo o el sueldo que sería de esperar porque sólo pueden comunicarse en inglés… Si la expansión del español como segunda lengua de EE UU sigue adelante, con el tiempo podría tener serias consecuencias para la política y el gobierno”.


Es que el español además es un idioma pluricéntrico, pues a diferencia del inglés o el francés donde Londres y París se han constituido como centros de poder lingüístico, Madrid no tiene vocación de centralidad lingüística.


Es hora que nuestros gobiernos asuman una política internacional de la lengua. Que el español sea utilizado como lengua de trabajo de ámbito mundial. Informaciones recientes nos dicen que hoy en China el español es la lengua extranjera más estudiada. Que no hay un millón de hispanoparlantes en Filipinas sino alrededor de diez millones. Que en Brasil el español no es considerada lengua extranjera en las universidades, pues su uso profesoral es habitual. En fin, contamos en definitiva con un instrumento geopolítico y metapolítico poderosísimo que no está explotado.[1]

Alberto Buela

* Politólogo, Doctor en Filosofía y escritor


[1] Nobleza obliga y tenemos que rendir homenaje acá al esfuerzo del Prof. Renato Epifanio y quienes lo acompañan en el Movimiento Internacional Lusófono quien desde hace años viene trabajando en la consolidación del portugués como lengua internacional. (www.zefiro.pt).


En el siguiente artículo,le mostramos otra magnífica escultura en marfil representando a "Cristo" que está en nuestros fondos de arte.

jueves, 8 de noviembre de 2012

EL GALEÓN DE MANILA

 

                                    

 EL GALEÓN DE ACAPULCO

Desde la costa oriental de Nueva España se realizan las expediciones del Pacífico en un esfuerzo por encontrar el nuevo camino de Asia, compitiendo con los portugueses. Es la segunda parte del viaje, de nuevo el mar.


Encontrar las tierras de la especiería fue el sueño de Colón y el principal motivo de los sucesivos viajes que tuvieron lugar en el siglo XVI por aguas del Pacífico.
Una exploración emblemática fue la de Magallanes, descubridor de las Filipinas, y Elcano, continuador del viaje y primer español en dar la vuelta al mundo. Ellos fueron el arranque de las sucesivas expediciones que tuvieron lugar a lo largo del siglo.

García de Loaísa, en 1525, siguió los pasos de Magallanes por orden del emperador, en su empeño por llegar a las Molucas. Alvaro de Saavedra en 1527 fue con intención de descubrir otras islas y tierras productoras de especias y Villalobos, en 1542, partió del puerto de Navidad, para asegurar el control de aquellas islas del Pacífico que estuviesen bajo jurisdicción española.
Fue Legazpi en 1564 el que salió con la misión de colonizar las Filipinas y encontrar un camino de regreso para comunicar ambos continentes. Muchos quintales métricos de especias cambiarían por completo los modos de funcionamiento de los mercados europeos.

Andrés de Urdaneta descubrió el "tornaviaje" en 1565, una nueva ruta por el Norte que escapaba de los temibles alisios. Este descubrimiento permitió la existencia de una comunicación regular entre Filipinas y Nueva España.
En el virreinato, un largo camino terrestre -"el Camino de los Virreyes"- comunicaba la ciudad atlántica de Veracruz con la capital, y ésta con el puerto de Acapulco, en el Pacífico, a través del llamado "Camino de Asia".

VER+ http://www.armada15001900.net/elcaminodeoriente.htm

miércoles, 7 de noviembre de 2012

AQUELLOS HOMBRES DUROS




No siempre estoy de acuerdo con las decisiones colectivas de la Real Academia Española. Mi agradecimiento por pertenecer a esa institución no incluye la lealtad ciega. Contra ciertos aspectos de la última Ortografía, por ejemplo, milito en abierta disidencia, como Javier Marías. Sin embargo, otras cosas me calientan el orgullo. En lo que va de año llevo dos alegrías. Una, el informe con que Ignacio Bosque demolió algunas disparatadas guías de lenguaje no sexista, poniendo en su sitio a ciertos analfabetos, oportunistas y cantamañanas. La otra alegría es la aparición, en la Biblioteca Clásica de la RAE, que dirige el profesor Rico, de uno de los libros más importantes escritos en lengua española; y quizá, junto a la Crónica de Muntaner -los almogávares en Bizancio- el más apasionante de todos: Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, de Bernal Díaz del Castillo.

Si les gusta la Historia, si aman los buenos relatos de guerra y aventuras, si quieren asistir a una de las más grandes y terribles hazañas de la Historia, si desean conocer de primera mano el sangriento prodigio que fue la conquista de México por una pequeña tropa de españoles ambiciosos, valientes, crueles y duros como la ingrata tierra que los parió, vayan a una librería y cojan uno de esos volúmenes azules con el emblema de la RAE -éste, el más grueso de todos, cuesta lo que tres entradas de cine-.

Luego ábranlo al azar y lean algo. Con suerte darán en el capítulo 86, donde los conquistadores empiezan a abrirse camino desde Cholula; o en el 129, donde comienza el asedio de Tenochtitlán. O en el capítulo anterior, el 128, donde se cuenta cómo en plena noche, bajo la lluvia, los españoles intentan romper el cerco y escapar de la ciudad, peleando con los valerosos aztecas que les caen encima por millares y arrastran a los prisioneros a los templos para sacrificarlos, y cómo el plan original se va al diablo en el caos del combate -«si había algún concierto, maldito aquel»-; y mientras todos pelean en la estrecha calzada, matando y muriendo, Cortés, que va a caballo con el tesoro y las mujeres, escapa y sigue adelante; pero requerido por sus hombres vuelve atrás a socorrer a los rezagados, y ya sólo encuentra a Alvarado, que corre en la oscuridad seguido por cuatro españoles y ocho fieles tlaxcaltecas empapados de lluvia y de sangre; y viendo que tras ellos no vienen más, que de la retaguardia sólo quedan ésos, «se le saltaron las lágrimas de los ojos».

 Bernal Díaz del Castillo no era un historiador ni un literato. Era un soldado profesional que había leído libros y tenía el talento, el don magnífico, de juntar palabras con una naturalidad, una limpieza y una honradez envidiables. Escribió sus recuerdos de la conquista de México -«lo que yo vi y me hallé en ello peleando»- muchos años después, viejo y cansado, tras ver cómo los advenedizos, funcionarios y parásitos llegados de España se enriquecían en la tierra que él conquistó y en la que quedó mal pagado y casi pobre. Escribió con asombrosa fidelidad y atención al detalle, sin trompetazos ni alardes, con una sencillez pasmosa; humilde siempre, excepto para revindicar el orgullo legítimo de haber estado allí. De sus sufrimientos y peligros.

Harto de versiones de segunda mano y manipulaciones de los hechos que él vivió en carne herida -ciento cuarenta combates durante su larga vida de soldado-, el anciano veterano de Cortés, superviviente de una de las más asombrosas gestas que vieron los siglos, quiso poner las cosas en su sitio. Hacer honor a la memoria de sus compañeros muertos y a la suya propia, porque «soy viejo de más de ochenta y cuatro años y he perdido la vista y el oír, y por mi ventura no tengo otra riqueza que dejar a mis hijos y descendientes, salvo esta mi verdadera y notable relación».

El libro de Bernal Díaz del Castillo es tan fascinante y extraordinario que resulta imprescindible en la memoria y la certeza histórica de cualquier español de honrada casta. Pero no sólo eso. La Historia verdadera cuenta también de modo asombroso el final de un mundo y el terrible crujido que hizo nacer otro nuevo. El retrato minucioso de aquellos hombres increíbles que se abrieron paso por una tierra desconocida y hostil, haciéndola propia a arcabuzazos y cuchilladas, no es sólo una historia española, sino también, y sobre todo, una historia mexicana. Cuando el autor cuenta que tras la toma de Tenochtitlán se hizo el recuento de las mujeres indias que iban con los conquistadores, añade que «algunas de ellas estaban ya preñadas»: para mal y para bien, los primeros nuevos mexicanos estaban a punto de nacer.

Por eso Bernal Díaz del Castillo y sus camaradas son hoy más de allí que de aquí. Por la sangre vertida. Por la sangre mezclada.

http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/688/aquellos-hombres-duros/

martes, 6 de noviembre de 2012

LAS FALSEDADES DE "LA LEYENDA NEGRA"



12 de Octubre 1492. Descubrimiento de América. El mestizaje en el descubrimiento de América. La realidad siempre supera a la ficción y por eso el mestizaje, es una muestra más de la falsedad de las acusaciones realizadas sobre el genocidio cometido en América por parte de los españoles.

El mestizaje ocurrido en Hispanoamérica es inconcebible en otras colonizaciones como la inglesa o francesa pero tampoco se produce en las conquistas realizadas por los indios.


¿Cómo, cuándo y por qué se produce el mestizaje? Todas estas preguntas tienen su respuesta en el vídeo.


Una actitud de menoscabo hacia lo hispánico que sería como ir contra “uno mismo”, sino que nuestra meditación surge como una necesidad de afirmación de la “americanidad en la hispanidad”.

 Ramiro de Maeztu, en Defensa de la Hispanidad.

"La hispanidad no es cuestión de razas pues está compuesta de hombres de raza blanca, negra, india y malaya, y sería un absurdo buscar sus características por los métodos de la etnografía... sino que se apoya en dos pilares: la religión católica y el régimen de la monarquía española”.

lunes, 5 de noviembre de 2012

EL SEÑOR DE SIPÁN - GRAN TESORO PRECOLOMBINO


    Se cumplen 25 años del descubrimiento de la tumba del Señor de Sipán

En 1987, en la costa norte del Perú, a 800 kilómetros de Lima, en el departamento de Lambayeque, se produjo un descubrimiento arqueológico que sorprendió al mundo: la tumba del Señor de Sipán. Una gran epopeya de la aventura arqueológica.
En esa época el país estaba sumido en una profunda crisis. El Sendero Luminoso, uno de los grupos terroristas más crueles del mundo junto con los Jemeres Rojos de Camboya, azotaba a la población con sus continuos atentados. Miles de personas abandonaron sus hogares y sus raíces en la sierra para vivir la franja desértica de la costa, entre los Andes y el Océano Pacifico. No tenían trabajo y sus condiciones de vida comenzaron a ser muy precarias cuando no miserables. Sin embargo, la tierra que pisaban escondía tesoros arqueológicos de incalculable valor. En poco tiempo se incrementó el expolio de los lugares arqueológicos. Proliferaron las bandas de huaqueros, como llaman en Perú a los saqueadores de sitios arqueológicos. Todas las noches se destruían contextos funerarios, templos, santuarios y pirámides. Los marchantes y traficantes promovían el saqueo. Compraban las piezas que desenterraban los huaqueros por cantidades irrisorias de dinero, que se multiplicaba hasta alcanzar precios astronómicos en el mercado negro de coleccionistas.

 Una noche, en la chichería de la pequeña aldea de Sipán, a unos 30 kilómetros de la ciudad de Chiclayo, dos policías de la Brigada Secreta Antiterrorista presenciaron absortos la fiesta que parecían celebrar los aldeanos. Todos bebían y reían como si les hubiese tocado la lotería. No entendían nada. Estaban allí porque una semana antes, un comando terrorista había tomado la aldea vecina. Ya entrada la noche, un joven se acercó tambaleándose a la barra con claros síntomas de embriaguez. Al parecer no tenía dinero para pagar su cuenta, pero deposito en el mostrador una pieza arqueológica de oro. Los policías le detuvieron inmediatamente. No tuvieron que emplearse a fondo para que el muchacho les contara lo que ocurría. Una banda de huaqueros dirigida por un tal Ernil Bernal había saqueado una tumba muy importante en la huaca que lindaba con el pueblo. En Perú llaman huaca a los lugares arqueológicos, ya sean tumbas, santuarios o como en este caso una pirámide... LEER +  http://www.elmundo.es/elmundo/2012/07/20/cultura/1342790754.html

domingo, 4 de noviembre de 2012

NO FUERON SOLOS



Clamoroso olvido.

Estructurada en cuatro grandes apartados y una decena de módulos, No fueron solos recorre el proceso de conquista y colonización en toda su magnitud: la intervención crucial de la reina Isabel la Católica para derribar el escepticismo de la Corte al viaje colombino; la difícil travesía a Indias y la colisión de dos mundos; el mestizaje y el papel desempeñado por la mujer en la creación del tejido social y económico del Nuevo Mundo; y el legado que ha llegado hasta nuestros días.

"Superados los 500 años del descubrimiento de América, el relato transmitido de la conquista y colonización ha cometido un clamoroso olvido con la mujer, ausente en los textos académicos y en el imaginario colectivo. Con estos precedentes, la acotación no fueron solos, más que pertinente, es obligada para subrayar una injusticia, un maltrato historiográfico a la figura de la mujer, que no por repetido en muchos ámbitos debe dejar de sorprendernos", asegura el director del Órgano de Historia y Cultura Naval, el contralmirante Gonzalo Rodríguez González-Aller, para el que esta exposición "pretende rescatar la semblanza de una treintena de mujeres capitales en este proceso de consolidación cultural y, más allá de los nombres propios, recuperar la intrahistoria de la colonización, una labor lenta y callada que adquiere un enorme relieve por configurar una nueva sociedad desde la nada".

MUJERES EN LA CONQUISTA Y COLONIZACIÓN DE AMÉRICA



La exposición 'No fueron solos. Mujeres en la conquista y colonización de América' trata sobre la presencia y participación activa de la mujer en la conformación del Nuevo Mundo. El Museo Naval acoge la muestra, que se puede visitar hasta el 30 de septiembre de 2012.
Tal y como se explica en la web del museo, "la mujer ocupó puestos destacados en la conquista de América, fue pionera en el ámbito socio-económico y determinante en el asentamiento y el proceso de consolidación cultural de la naciente sociedad hispanoamericana. Treinta mujeres acompañaron a Colón en su tercer viaje, más de 300 llegaron a Santo Domingo en el primer cuarto del siglo XVI y la población femenina constituyó casi una tercera parte de los pasajeros embarcados con destino a América entre 1560 y 1579. Entre esas mujeres existen historias personales de gran interés, como la de Mencía Calderón, mujer de Juan de Sanabria, que a la muerte de su marido se hizo cargo de la expedición al Río de la Plata, o la de Isabel Barreto, almirante de la Armada de Felipe II".

Isabel Barreto. La única almiranta de Felipe II y su nombre no dice nada. Aventurera a la altura de Magallanes y Orellana. Soñadora capaz de ajusticiar a un marinero desobediente y avisar a navegantes: “Señor, matadlo o hacedlo matar… y si no, lo haré yo con este machete”. Una de tantas mujeres que protagonizaron gestas épicas en el Nuevo Mundo y olvidos legendarios en el Viejo. América no solo fue cosa de hombres. Pisando los talones de Colón se movilizaron un tropel de pioneras como Isabel Barreto, recordadas en una exposición en el Museo Naval de Madrid cuyo título lo dice todo: No fueron solos.
En 1595, tras enviudar, Isabel Barreto asumió el mando de la expedición que había partido de Perú en busca de las islas Salomón, donde ella y su marido, Álvaro de Mendaña y Neira, ubicaban Ophir, un reino de oro y piedras preciosas, otro Eldorado de los tantos de la época. Ni le intimidó la idea de cruzar el Pacífico ni le atemorizó hacerse cargo de una tripulación de héroes y villanos a partes iguales, que conspiraban para amotinarse cada dos por tres, que a la mínima amenazaban con beber en la calavera del prójimo, que malvivían a fuerza de agua con cucarachas podridas y tortitas amasadas con el mar.
Barreto se puso a la altura de aquellos marinos que navegaban con la muerte enrolada entre ellos. “Apenas había día que no echasen a la mar uno o dos [cadáveres], y día hubo de tres y cuatro”, escribió Pedro Fernández de Quirós, piloto y cronista de la travesía. A él debemos esta descripción de su jefa: “De carácter varonil, autoritaria, indómita, impondrá su voluntad despótica a todos los que están bajo su mando, sobre todo en el peligroso viaje hacia Manila”. En su búsqueda de las Salomón se toparon con las desconocidas islas Marquesas, donde fondearon. No cabe duda de que Isabel Barreto desconocía el desaliento. Con 7.000 millas náuticas a sus espaldas, el descontento de la tripulación soplándole en el cogote y un marido recién fallecido, ordenó zarpar hacia Filipinas. Pocos discutirían sus cargos (almiranta, gobernadora de Santa Cruz y adelantada de las islas de Poniente) cuando avistaron Manila. Allí se casaría con Fernando de Castro, al que contagió su arrebato y embarcó en otra enfebrecida travesía hacia las Salomón. LEER+ http://cultura.elpais.com/cultura/2012/05/18/actualidad/1337346325_472392.html